Recientemente se celebró el día mundial de la Televisión, sistema que sigue siendo la mayor fuente de consumo de contenido multimedia en los hogares de todo el mundo. En esta época de COVID, en la que la exposición a las pantallas por parte de los niños ha aumentado surge la preocupación por su impacto en el desarrollo, y particularmente su impacto en el desarrollo del lenguaje.

Durante las medidas de confinamiento, los chilenos consumieron un promedio de 7 horas diarias de televisión, según un informe del CNTV. El mismo informe señala que los niños, niñas y adolescentes aumentaron su consumo de televisión de 4 a 5 horas diarias.

Aunque pocos, existen destacados programas diseñados para público infantil en cuanto al contenido cultural, incluso dirigidos a bebés que aún no desarrollan lenguaje, como el caso de Baby TV. En muchos casos los padres ven un apoyo para la entretención de los pequeños y descansan en la confianza de programas, que por su contenido se muestran beneficiosos para el desarrollo de los niños, pero ¿son realmente beneficiosos? Además, se dice que los niños de hoy son nativos digitales ¿es entonces tan malo entregarles contenido multimedia?

Probablemente existen un sin número de ventajas en cuanto a la disponibilidad de la información y el intercambio cultural, todo a gran velocidad gracias a internet.

Pero ¿qué pasa con los niños pequeños y la adquisición del lenguaje? Los niños aprenden el lenguaje a través de la interacción y en los primeros años, el cerebro está más receptivo a todo lo relacionado con lo que te permita conectar con otro, preparando los cimientos de lo que será el lenguaje por el resto de su vida. La interacción es la clave. Ahora, imagina que tienes una tarea doméstica, o un viaje en auto o microbús, parece mucho más sencillo si le pasas algún dispositivo al menor para que permanezca tranquilo viendo su programa de televisión favorito. Seguro se dicen menos cosas, tanto iniciadas por el adulto como por el niño, lo que disminuye considerablemente las oportunidades de interacción y por lo tanto disminuye la oportunidad de estimular el lenguaje.

Ahora bien, se podría corregir y lograr que el niño permanezca viendo un programa diseñado para la estimulación del lenguaje, el problema es que son solo videos. ¿Se puede aprender de ellos?, claro que sí, pero son solo una pequeña parte de una habilidad mucho más amplia y no solo eso.

Un estudio publicado en Clinical Pediatrics por Duch et al. encontró que los niños expuestos a programas de televisión por más de 2 horas al día disminuían considerablemente los puntajes en pruebas de lenguaje. Otro estudio similar de Chonchaiya and Pruksananonda encontró que iniciaban la exposición a la televisión antes de los 12 meses aumentaban la probabilidad de generar retraso del lenguaje. Otros estudios llevados a cabo en la Universidad de Washington, encontraron que por cada de exposición a videos especializados en estimulación, los niños aprendían entre 6 a 8 palabras menos que los niños que no estaban expuestos a video. Además, demostraron que el mayor déficit se producía en bebés de 8 a 16 meses. Otro estudio liderado por Andrew Ribner encontró una fuerte relación entre dificultades en lectoescritura y el tiempo que los niños están expuestos a la televisión, particularmente acentuada en hogares de bajos ingresos.

Ahora bien, para muchos padres la televisión es un salvavidas y el consumo de video o contenido a través de otros medios como teléfonos y tabletas llegó para quedarse. Entonces ¿Qué podemos hacer? Podemos limitar el tiempo al recomendado por la Asociación Americana de Pediatría, que recomienda un máximo de 2 horas diarias para niños entre 2 a 5 años.

Existen estrategias para limitar el tiempo de televisión como el uso de agendas visuales y tarjetas de espera entre otros

Otra alternativa y quizá la más importante para sobrellevar el uso de pantallas en los niños es usar la pantalla para generar interacción, justamente lo que la pantalla limita, es lo que debiésemos fomentar. De esta forma podemos hacer comentarios sobre lo que está ocurriendo en la pantalla tal cual lo hace un narrador como el que aparece en programas como Peppa la cerdita y Pocoyó, mostrándole a los niños que en el hogar “nos gusta hablar” incluso frente a la pantalla. También podemos mostrar las cosas que hay a nuestro alrededor que también hay en la pantalla al tiempo que las mencionamos y hacemos comentarios al respecto. Podemos preparar juegos, actuar lo que estaba pasando en la televisión o actividades como dibujar escenas relacionadas con lo que se estaba viendo para que el momento de apagar la televisión se conecte con un momento de interacción de calidad con nuestros niños.

Se puede convivir con el alto contenido multimedia y un buen desarrollo del lenguaje. Para más información contacta con la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Santo Tomás a través de sus redes sociales.

Fonoaudiología Ust Puerto Montt en Facebook y @fonoustpm en Instagram.

Pedro Jorquera Fernández- Fonoaudiólogo, docente de Planta UST Puerto Montt

Diplomado Estrategias de Inclusión – Máster en Intervención ABA

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