Por: Javiera Letelier Cosmelli, Escuela Arqueología, Universidad Austral de Chile y Dafna Goldschmidt Levinsky, @Arqueologiahistóricasantiago.

En la mañana del miércoles 22 de junio el tribunal rechazó la prisión preventiva para Martín Pradenas, acusado de violar a Antonia Barra y que conllevó al posterior suicidio de la joven. Las pruebas contra el imputado son contundentes, sobre todo, luego de que se hiciera público el caso,– posterior al suicido de Antonia–, y cuando se supo que el actuar de Pradenas no era un hecho aislado, surgiendo otras denuncias en su contra por parte de diversas mujeres cuyo único vínculo fue haber sido abusadas por él.

Este miércoles vimos de forma explícita lo que las mujeres hemos vivido de forma histórica y que tan bien quedó resumido en la performance de Las Tesis (que conllevó la demanda demanda de carabinero al colectivo por incitación a la violencia);  de cómo el victimario se convierte en víctima, haciéndonos pensar que hemos trasgredido un espacio que por ser mujeres no nos pertenece, donde se siguen avalando argumentos como  “ella se lo buscó”, “ella tomó alcohol”, “ella”…

Este nefasto resultado de negar la prisión preventiva a una persona con contundentes pruebas en su contra, en relación a delitos reiterados de índole sexual, nos deja nuevamente con esa sensación de deseperación sobre el ejercicio de la justicia en nuestro país y sobre cómo, nuevamente, la violencia estructural ebulle debajo de una serie de estratos inmoviles de un “sentido común patriarcal heteronormativo” dentro del que subyacen diversas capas subalternas. En ese sentido, desde una perspectiva binaria, patriarcal y heteronormativa, como vemos en el caso de Antonia, el centro de la impunidad es un hombre «blanco», en edad productiva/laboral y de cierta élite que a su vez es juzgado por hombres «blancos» en edad productiva y de cierta élite, encargados de perpetuar este vergonzoso status quo donde se otorga justicia en función de la posición social y por sobre los actos.

Si eres mujer, aunque seas de una cierta élite, como en el caso de Antonia, la justicia favorecerá a un Pradenas y si eres hombre, pero indígena, como el machi Celestino Córdova, la justicia también beneficiará a un Pradenas. Si eres menor de edad o adulto mayor, eres también menos sujeto de derecho… Ni pensar en que te tocará si eres alguien fuera del espectro binario tanto en identidad como en expresión de género y si a la ecuación le sumas ser indígena, inmigrante o pobre.

Este miércoles 22 a las 21:00, el silencio y aislamiento de la cuarenta fue quebrantado por voces de protesta que surgieron desde los balcones y ventanas de casas y edificios, el clásico cacerolazo,– emblema de protesta ciudadana–, apareció con fuerza nuevamente, como una vía de expresión desesperada y de resistencia frente a la violencia estructural que nos atañe. Lo de Antonia nos enrostra, penosamente, la estrutura de privilegios que impera en nuestro país, es por eso que se sintieron los cacerolazos acompañados de un mantra constante que decía a gritos #martinpradenasviolador

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