Sr. Director/a
Tras el siniestro acontecido en nuestro querido Futaleufú donde el fuego abrazó por días el
Cerro Troncoso y vimos cómo los vecinos de Futaleufú, y especialmente los del sector Noroeste, miraban con sorpresa y descontento el avance descontrolado del fuego, no podemos dejar de  expresar nuestro pesar frente a lo sucedido.
Comenzamos este 2019 con un país que está literalmente en llamas, donde se reportan 86
incendios forestales registrados a nivel nacional, de los cuales 31 se encuentran aún activos, entre ellos el incendio en el Cerro Troncoso. La Alerta Roja para Futaleufú continua vigente.
La fragilidad de nuestro paisaje, los esfuerzos por días de brigadas de bomberos, CONAF y el ir y venir constante de los helicópteros nos han dejado algunas enseñanzas (o al menos eso esperamos).
Porque el fuego nos arrebató mucho más de lo que creemos y es por eso que debemos poner más esfuerzos en aprender de nuestras experiencias y mejorar para el futuro. Un futuro en el que lamentablemente veremos temperaturas más altas, escasez hídrica y probablemente fuegos más frecuentes, más intensos y por lo mismo más devastadores.
La intención de esta carta es manifestar nuestra preocupación frente al tema y además resaltar la importancia de nuestros bosques, lo mucho que dependemos de ellos y el impacto de los incendios  forestales.
Los bosques son muy necesarios para la vida y son esenciales para el ciclo del agua. Además nos prestan servicios ecosistémicos, que significa que nos ayudan a sostener y sustentar la vida humana (Daily 1997).
Entre los servicios que nos brinda la naturaleza, en este caso los bosques, se pueden contar que nos proveen de agua en cantidad y calidad, regulan el microclima, nos dan un lugar para vivir, tanto a humanos como a otros seres, contribuyendo a la biodiversidad de especies de flora y fauna. Los bosques además ayudan en la mitigación de desastres naturales y también nos prestan servicios culturales que son las prestaciones no materiales que obtienen las personas, tales como desarrollo espiritual e intelectual, oportunidades de turismo y valores culturales y paisajístico.

Tras un incendio forestal la pérdida o la disminución del óptimo funcionamiento de este
ecosistema armonioso se traduce en efectos que nos pueden perjudicar de una u otra forma por un período de mediano a largo plazo.
Algunos de los impactos que provocan los incendios pueden ser la pérdida de bosque nativo, muerte de animales, aves y su hábitat, disminución de la disponibilidad de agua, cambios en la  composición de los suelos, erosión y contaminación, entre otras.
Por ejemplo, el suelo cambia debido a la menor cantidad de hojas que se descomponen y
enriquecen los terrenos, degradando y disminuyendo el hábitat de invertebrados alterando el  microclima y provocando la erosión. Esta ausencia de vegetación hace que se capture menos agua proveniente de las lluvias, que haya vientos más fuertes, cambios en las temperaturas y humedad del  suelo, provocando deslizamientos de tierra.
No siempre nos detenemos a pensar en las importantes funciones que cumple el suelo, entre las que se encuentran: retención de carbono, que ayuda a mitigar el efecto invernadero que provoca el calentamiento global, purificación del agua, reducción de contaminantes del suelo, regulación del clima, hábitat para organismos y regulación de inundaciones. Es además fuente de productos medicinales y recursos genéticos, es base para la infraestructura humana, suministro de materiales de  construcción, herencia cultural, suministro de alimentos y combustibles.
Por otro lado, la pérdida de bosque nativo también afecta a aquellos árboles que no han
alcanzado su madurez, afectando su distribución espacial que puede llegar hasta extinguir vegetación en riesgo, como el ciprés de la cordillera por ejemplo.
La cantidad de agua ubicada en las napas subterráneas también puede verse alterada, debido al daño en la vegetación, al cambio en las propiedades del suelo, disminución de materia orgánica que  disminuyen la cantidad de agua que se infiltra al suelo, su disponibilidad y el aumento del escurrimiento del agua la que finalmente puede contaminarse. Cadena fatal que termina en la desaparición de animales y aves, su hábitat, refugio y alimentación. Y que nos afecta a todos y todas al final, pues estamos íntimamente conectadas al ecosistema en el que vivimos.
También se afecta el paisaje, nuestro paisaje pintado por Dios, que al verse vulnerado por el  poder del fuego disminuye la productividad de los ecosistemas. Si pensamos en períodos de sequía que estamos viviendo cada vez más seguido- puede llegar hasta la desertificación de los territorios y  cambiar totalmente el paisaje y las formas de vida que llevamos.
Después de la experiencia vivida con este incendio forestal y tantos otros, nos preguntamos  ¿Estamos preparados para incendios forestales de esta magnitud y más grandes aún? ¿Sabemos como comunidad qué hacer en caso de emergencia, a quien recurrir, cuáles son los procedimientos y vías de escape, como podemos ayudar si es necesario?
Mientras mirábamos el Cerro Troncoso envuelto en mil fuegos, rogando que el viento no
cambie, escuchábamos a todas las autoridades locales, provinciales y regionales diciendo: “está todo bajo control”, “todo se ha hecho de acuerdo a los procedimientos”…Pero no podemos dejar de preguntarnos, ¿Serán los procedimientos de verdad pertinentes para emergencias como éstas y otras  que pueden ser peores? Porque lamentablemente la sensación que nos queda después de ver las  medidas tomadas frente al incendio no es de seguridad sino de suerte y azar.
Quizás este incendio nos da una gran oportunidad para aprender, para revisar esos
procedimientos, para informar de mejor manera a la comunidad, para equipar de mejor manera a  nuestros bomberos, entregar mayor a apoyo a CONAF, equipar a nuestras radios y medios locales (claves en circunstancias de emergencia) y prepararnos mejor para enfrentar situaciones como éstas y otras, que de seguro se presentarán en el futuro.

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