El pasado sábado 12 de diciembre se cerró el acuerdo de Paris, considerado ya como histórico. Junto a 194 países, Chile se comprometió a mantener el calentamiento global por debajo de los 2° Celsius de aquí a fines de siglo, y para ello nuestro país intentara reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en 30% hacia 2030, -45% si obtiene más financiamiento- meta que implica que el 30% de la energía inyectada al sistema a 2030 debe ser realmente renovable.

Tuve la oportunidad de participar como observadora del proceso, presenciando como los negociadores avanzaban hacia un acuerdo y como representantes de organizaciones ambientales, sociales y de derechos humanos hacían constante seguimiento y presión para un mejor resultado.

Quizás una de las acciones más interesantes para la región de Aysén en la cual pude colaborar fue la circulación de una carta impulsada por organizaciones de la sociedad civil, que llamaba la atención sobre la construcción de grandes represas en el mundo.

Esta misiva, ampliamente difundida, planteaba razones por las cuales las grandes represas no deben ser consideradas como energía renovable ni solución al cambio climático.  Algunas de estas son interesantes de plantear aquí, ya que muchas veces los impulsores de represas en la Patagonia han utilizado este argumento para respaldar sus iniciativas.

Las mega-represas no son soluciones climáticas viables porque:

Los ríos que fluyen libres eliminan alrededor de 200 toneladas de carbono de la atmosfera cada año. Los sedimentos que los ríos llevan al mar alimentan al plancton que adsorbe grandes cantidades de carbono, las represas interrumpen esta vital función.

Las grandes represas hacen que los sistemas sean más vulnerables frente al cambio climático; por ejemplo la construcción de represas ha exacerbado los desastres causados por inundaciones en zonas montañosas frágiles.

A diferencia de los proyectos eólicos, solares y de micro hidroeléctricas, las mega-represas causan daños graves e irreversibles a ecosistemas críticos y grandes impactos sociales y económicos sobre las comunidades. Dependen en su distribución de redes eléctricas centralizadas por lo que no son una herramienta costo efectiva para llevar energía a las poblaciones rurales más vulnerables y por tanto no ayudan a superar pobreza.

Los grandes proyectos hidroeléctricos son costosos y requieren de demasiado tiempo para hacer frente a la urgencia climática, además ya no son considerados como iniciativas innovadoras y no han visto avances en varias décadas.

Los embalses hidroeléctricos emiten cantidades significativas de gases de efecto invernadero, sobre todo en los trópicos pero también en zonas templadas. El metano de los embalses representa más de 4% de todo el cambio climático causado por el hombre en el mundo, comparable con el impacto climático del sector de la aviación.

Existen falsas y verdaderas soluciones al cambio climático. Definitivamente las grandes represas, junto a la energía nuclear, no son un aporte, existiendo opciones rápidamente disponibles y económicamente competitivas.

Es nuestra responsabilidad como sociedad civil saber discernir e impulsar las alternativas energéticas realmente sustentables en nuestro país.

Daniela Castro, Área técnica, Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena.
elhuemul.cl
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