Consideraciones en la elaboración de una nueva Ley de Fomento forestal para Chile

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antonChile, como bien es sabido es un país de montañas y de bosques, estos últimos inexistentes y escasos en la zona norte y muy abundantes en la zona sur y austral.

Como la mayoría de los negocios latinoamericanos que se basan en la exportación de materias primas, la industria forestal de Chile disfrutó de un auge extraordinario durante la última década. En apenas cinco años, el valor de las exportaciones de madera y celulosa se duplicó con creces de los US$ 2.500 millones del 2003 a un récord de US$ 5.600 millones en el 2008.

En total, Chile cuenta con 16,2 millones de hectáreas de bosques, más del 21% de la superficie del país, según el gubernamental Instituto Forestal (INFOR). La Región del Bío Bío es el centro de la industria, zona en que los árboles cubren más del 40% de su superficie total, seguida por las vecinas regiones de La Araucanía y El Maule, con una cobertura cercana al 20% en cada caso.

Del total, la vasta mayoría -casi 14 millones de hectáreas- corresponde a bosque nativo, rico en coihue, lenga, ñirre y otras especies. Sólo 2,3 millones de hectáreas están plantadas con pino y eucalipto, las dos principales especies no nativas plantadas en Chile. (Fuente: Cámara Chileno Norteamericana  de Comercio. www.amchamchile.cl).

El sector forestal tiene su inicio de manera regulatoria estatal desde el año 1931, en la cual, La ley de Bosques entre otros temas incentiva el desarrollo forestal propiamente tal.

Antes de entrar en la situación actual, es menester, considero, referirme a los innumerables inconvenientes que han existido en nuestro país y que fueron avalados por el Estado de Chile, como lo son los grandes incendios en la Patagonia (El gran incendio de la Patagonia) y la reforestación de especies foráneas  introducidas como el Pino y el Eucaliptus entre otros.

Para el primer caso, y como premisa quiero señalar que, No existen antecedentes que señalen que los pobladores originales de nuestra Patagonia hayan utilizado el fuego para eliminar la vegetación nativa; por el contrario, convivieron con ella en armonía.

En 1870, ingleses, yugoslavos y españoles, quemaron 3.120.000 hectáreas de bosque de lenga y coigüe, lo que se evidencia en los millones de troncos quemados por doquier. Con ese nefasto ejemplo el gobierno de Chile inició la colonización de la cordillera de la Costa, Collipulli y Traiguén, proceso que terminó con 5.500.000 hectáreas erosionadas. Los colonizadores australes anillaron árboles para que se secaran en pie, y avivaron las quemas con los fuertes vientos de la primavera. (Fuente www.patagoniasinrepresas.cl).

Los pioneros en la Patagonia realizaron algo similar como acción derivada de una equivocada política de Colonización. En forma contradictoria la política pública reflejada en la ley de colonización fue la causante de gigantescos incendios forestales. A partir de 1937, se entregaron tierras en forma oficial a los primeros colonos, pero con la condición de que cada uno comenzara eliminando hectáreas de bosque en su predio, lo que se hizo a fuego… Así, a punta de fuego, se colonizó la Patagonia. (Fuente www.patagoniasinrepresas.cl).

En todos estos casos y quizás en cuantos más, no se estudiaron ni se respetaron la biodiversidad y las características de los jóvenes suelos.

Felizmente, todavía existen vastas áreas verdes cubiertas de bosque nativo en nuestra Patagonia. Es probable que a causa del cambio climático, muchos chilenos y otras personas necesiten en el futuro establecerse en este, aún, bendito lugar.

En el segundo punto señalado, que dice relación a la reforestación,  no puedo dejar de recordar las extensiones de plantaciones de Pino insigne en la Región del Bio Bio, en la que alguna vez existieron bosques nativos.

También ha existido y existe una política y normativa estatal de reforestación e incentivo a esta práctica mediante la incorporación de árboles foráneas que degradan nuestros suelos.

No debemos dejar de lado que Chile es un exportador de Madera, que da trabajo a miles y miles de familias y que las dos principales empresas forestales de Chile -Arauco, que forma parte del grupo industrial Angelini, y Empresas CMPC del grupo Matte- están entre las más grandes del mundo. La celulosa de madera ha demostrado ser particularmente rentable y hoy en día Chile corresponde a cerca del 6% de la producción global y, aunque su participación en el mercado maderero es más pequeña, también es significativa.

Pero la expansión de la industria o el Fomento Forestal Nacional, no tiene que ver sólo con plantar más árboles; también tiene que ver con plantar mejores árboles. Las empresas forestales están inyectando millones de dólares en investigación y desarrollo (I+D) en una apuesta por mejorar la productividad de sus plantaciones.

Según fuentes entregadas por la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio califica a la I+D del sector forestal chileno como de “clase mundial” y entrega dos ejemplos de cómo ésta ha ayudado a la industria.

El primero es el desarrollo de una nueva cepa de eucalyptus globulus, una de las especies de eucalipto plantadas más comúnmente en el mundo. Esta se adecua mejor a climas mediterráneos, pero la nueva cepa se adapta mejor a los climas más fríos del sur de Chile. (Fuente: Cámara Chileno Norteamericana  de Comercio. www.amchamchile.cl).

Entonces la pregunta que debemos hacernos: ¿Chile necesita una Ley de Fomento Forestal que favorezca a todas las empresas y a los pequeños propietarios de predios forestales?

Estos 2 puntos que he señalado reflejan mis aprehensiones previas sobre una nueva normativa legal de Fomento Forestal que debe regular lo señalado anteriormente y respetando la biodiversidad y las características de los suelos específicos de cada región.

Del mismo modo, resulta de importancia establecer un mecanismo que apoye el fomento productivo forestal, para los pequeños y medianos propietarios de predios, pero en base a reforestación de árboles nativos u otros incentivos.

En este punto aprovecho de hacer la sugerencia de incluir en el estudio de la Normativa de Ley de Fomento Forestal a aquellos poseedores regulares y pacíficos que ocupen terrenos en los cuales no tienen título de dominio, pero o están en vías de hacerlo por medio de la Ley sobre regulación de la pequeña propiedad raíz o mediante otros mecanismos legales, pues ellos también deben ser incluidos en este fomento productivo.

Con todo, la dictación de una Ley de Fomento Forestal, aparte de lo señalado precedentemente, debe abarcar aspectos políticos y sociales de Chile, desde su aspecto como nación toda y también desde el punto de vista local referido a cada región o provincia del país.

En resumen, y a fin de dar conclusiones al tema en comento, sugiero los siguientes puntos que podrían ser considerados en la elaboración de una nueva ley de fomento forestal para Chile:

  1. Prohibir o limitar el uso del fuego como medida de limpia en los predios rústicos.
  2. Incentivar la reforestación de árboles nativos.
  3. Potenciar el Turismo local a través del incentivo de senderos de penetración en bosques originarios, y con la prohibición de cambio de uso de suelo por parte del dueño del terreno y de tala o limpia.
  4. Propender al respeto de la biodiversidad y las características específicas de los suelos y curso de agua, conservando los terrenos y disminuyendo la erosión en zonas ya erosionadas o con peligro de erosión mediante la reforestación nativa.
  5. Permitir a los Jefes Provinciales de Conaf la dictación de normativas específicas para situaciones especiales habidas en su provincia.
  6. Sancionar a los infractores de la Ley mediante un procedimiento que sea conocido por los Tribunales de Garantía y de Juicio Oral en lo Penal, y no en los Juzgados de Policía Local.
  7. Permitir, de acuerdo a parámetros legales y constitucionales, que los solicitantes de regulación de la pequeña propiedad raíz ante el Ministerio de Bienes nacionales, puedan ser sujetos activos del fomento a la producción forestal.

 Anton Silva Reichart

Abogado

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